Sala 104.04
Itinerario del 68

A finales de los años sesenta, surgen diversos espacios radicales de producción y difusión del arte, en los que se experimenta con nuevos formatos pedagógicos. El rol de las instituciones argentinas Instituto Di Tella y Centro de Arte y Comunicación (CAyC) en el desarrollo de las relaciones entre arte y política, arte y acción, o arte y medios de comunicación, es clave para cambiar las formas de hacer y entender la práctica artística. Desde la independencia o la autogestión, y alentados por el impulso que supuso Mayo del 68, ambos centros de producción trascienden el arte para erigirse como «espacios de vida».

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A finales de los años sesenta, surgen diversos espacios radicales de producción y difusión del arte, en los que se experimenta con nuevos formatos pedagógicos. El rol de las instituciones argentinas Instituto Di Tella y Centro de Arte y Comunicación (CAyC) en el desarrollo de las relaciones entre arte y política, arte y acción, o arte y medios de comunicación, es clave para cambiar las formas de hacer y entender la práctica artística. Desde la independencia o la autogestión, y alentados por el impulso que supuso Mayo del 68, ambos centros de producción trascienden el arte para erigirse como «espacios de vida».

El influjo revolucionario de la vanguardia argentina de los años sesenta alcanzó una amplitud de onda que se expandió más allá de sus fronteras, iluminando no solo a los países colindantes de América Latina, sino también a España o Estados Unidos. Esta pujanza acontece marcada por la dictadura militar de Juan Carlos Onganía (1966-1970) y su aparato creciente de censura y autoritarismo, así como por el espíritu rupturista e internacional de Mayo del 68.

Kenneth Kemble y sobre todo Alberto Greco, ambos provenientes del informalismo, se adelantan a esta generación con prácticas transgresoras que ensayan la desmaterialización del objeto y el arte como acción. En Buenos Aires, el Instituto Di Tella –financiado con capital privado y con un sistema de filantropía– mantuvo cierta independencia del Estado. El Centro de Artes Visuales (CAV), dependiente del Di Tella y dirigido por Jorge Romero Brest, constituye el punto neurálgico de la modernización de la escena porteña, con grandes dosis de vanguardia y utopía. Entre la multitud de artistas y de figuras que allí coinciden, es crucial Oscar Masotta. Sus escritos sobre arte, política y psicoanálisis introducen una profunda renovación del pensamiento crítico en Argentina y en España, donde se exilia tras una estancia breve en París. Happening (1966) es su texto fundamental. En este entorno destacaron los artistas David Lamelas y Marta Minujín, quien, con 17 años, marcha becada a París en 1960 y contacta con los Nuevos Realistas, el grupo impulsado por Pierre Restany. De vuelta en Argentina, Minujín realiza Simultaneidad en Simultaneidad (1966) y La Menesunda (1965), performances emblemáticas del Di Tella. Masotta fue uno de los primeros teóricos interesados en el «arte de los medios» y cuestionó en clara discusión mcluhaniana las tecnologías de la información. Para Masotta, la vanguardia y el arte de los medios pueden ser receptores políticos revolucionarios. Minujín es, precisamente, una de las artistas que se deja seducir por las teorías de Masotta y Marshall McLuhan.

Las reformas de Onganía avanzan en su asfixia de la intelectualidad hasta culminar en 1968 con el cierre del Instituto Di Tella, que declara problemas económicos. El suceso se traduce en una radicalización política de la escena artística, cuyas latencias revolucionarias producen obras aún más ideologizadas. Algunos artistas abandonan el país y otros cambian el arte por la militancia, como Roberto Jacoby. El autor de la memorable pieza Mensaje en el Di Tella (1968) desaparece temporalmente de la vida pública, no sin antes participar en Tucumán arde, el evento capitalizador de la unión entre arte y política en Argentina.

En La Plata, a su vez, se auto-organiza en torno al CAyC el conocido como Grupo de los 13. En él figuran Juan Carlos Romero, Horacio Zabala, Luis Pazos o Carlos Ginzburg, entre otros artistas que orbitan la institución. El CAyC intenta tomar el testigo del Di Tella. Cuenta para ello con el crítico y curador Jorge Glusberg, su principal ideólogo y organizador, y quien asimismo le inculca una vocación internacional, estrechando las relaciones con artistas y críticos de varios continentes, e invitándolos a participar en sus exposiciones y actividades.

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